Chile se posiciona actualmente como el mayor productor de cobre a nivel mundial, un mineral que la Agencia Internacional de Energía califica como el más utilizado en las tecnologías de energía limpia. Sin embargo, el cumplimiento de las metas de descarbonización global depende de un suministro constante que hoy se ve amenazado por la escasez hídrica. Ante este panorama, la industria minera chilena ha identificado en la desalinización una herramienta crítica para mitigar riesgos y garantizar la seguridad operativa a largo plazo. Un informe reciente destaca que el 93% de las minas en el país están situadas en áreas con riesgo alto o muy alto de falta de agua, lo que obliga al sector a buscar fuentes no convencionales.
El auge de la desalinización como garantía operacional
La transición hacia el uso de agua de mar se ha convertido en una prioridad para permitir que los proyectos mineros operen de manera independiente de la disponibilidad de agua dulce continental. Esta estrategia no solo busca asegurar la producción frente a sequías prolongadas, sino que también representa una oportunidad para que la minería asuma un rol transformador en la solución de la crisis hídrica nacional. Al liberar recursos de agua dulce que antes consumía la industria, se puede aliviar la presión sobre los acuíferos y reducir los conflictos con otros usuarios, fortaleciendo así la licencia social para operar en regiones con estrés hídrico.
Los desafíos de un marco regulatorio incierto
A pesar de los beneficios operativos, la expansión de la infraestructura de desalinización enfrenta barreras políticas y regulatorias que generan desconfianza entre los inversores. Los expertos coinciden en que la incertidumbre sobre los derechos de agua y los procesos de permisos poco claros son obstáculos que impiden un progreso más ágil de los proyectos. Existe una demanda generalizada por mejorar las guías regulatorias y cerrar las brechas normativas que actualmente provocan inseguridad jurídica en el sector. La estabilidad del entorno político se percibe como un factor determinante, ya que las decisiones a este nivel están fuera del control individual de las empresas pero afectan directamente la viabilidad de las inversiones multimillonarias en plantas y acueductos.
El reto ambiental y la integración de energías limpias
Un punto de fricción detectado es la discrepancia entre los actores mineros y otros grupos interesados respecto a los impactos ambientales de esta tecnología. Mientras que para la industria los riesgos suelen considerarse bajos, para sectores académicos y gubernamentales el manejo de la salmuera y las emisiones de carbono asociadas al alto consumo energético son preocupaciones mayores. Para alcanzar una expansión sostenible, la prioridad número uno identificada es la integración de energías renovables en el proceso de desalinización. Asimismo, se considera indispensable incorporar la aceptación pública en las etapas de planificación y realizar evaluaciones de impacto ambiental rigurosas que consideren tanto las instalaciones costeras como la infraestructura de transporte hacia las faenas en la alta cordillera.
Esta nota se fundamenta en el artículo de investigación original titulado «Desalination investment for copper mining: Barriers and opportunities in Chile», publicado en la prestigiosa revista científica The Extractive Industries and Society. El estudio fue realizado por los especialistas Eoghan Fitzsimons y Peter Warren, vinculados al University College London en el Reino Unido. Este informe técnico, que evalúa el nexo entre la minería de cobre y la seguridad hídrica, fue publicado oficialmente por la editorial Elsevier en su volumen 17 de 2024, estando disponible en línea desde el 16 de marzo de dicho año.
Del editor Copper Latin America -News
Chile is currently the world’s largest producer of copper, a mineral that the International Energy Agency ranks as the most widely used in clean energy technologies. However, meeting global decarbonization goals depends on a steady supply that is currently threatened by water shortages. Given this scenario, the Chilean mining industry has identified desalination as a critical tool for mitigating risks and ensuring long-term operational security. A recent report highlights that 93% of the country’s mines are located in areas with a high or very high risk of water shortages, forcing the sector to seek unconventional sources.
The rise of desalination as an operational guarantee
The transition to the use of seawater has become a priority to allow mining projects to operate independently of the availability of continental freshwater. This strategy not only seeks to ensure production in the face of prolonged droughts, but also represents an opportunity for mining to take on a transformative role in solving the national water crisis. By freeing up freshwater resources previously consumed by industry, pressure on aquifers can be alleviated and conflicts with other users reduced, thereby strengthening the social license to operate in regions with water stress.
The challenges of an uncertain regulatory framework
Despite the operational benefits, the expansion of desalination infrastructure faces political and regulatory barriers that generate mistrust among investors. Experts agree that uncertainty over water rights and unclear permitting processes are obstacles that prevent projects from progressing more quickly. There is widespread demand to improve regulatory guidelines and close regulatory gaps that currently cause legal uncertainty in the sector. Political stability is seen as a determining factor, as decisions at this level are beyond the control of individual companies but directly affect the viability of multimillion-dollar investments in plants and aqueducts.
The environmental challenge and the integration of clean energy
One point of friction identified is the discrepancy between mining companies and other stakeholders regarding the environmental impacts of this technology. While the industry tends to consider the risks to be low, academia and government sectors are more concerned about brine management and carbon emissions associated with high energy consumption. To achieve sustainable expansion, the number one priority identified is the integration of renewable energies into the desalination process. It is also considered essential to incorporate public acceptance into the planning stages and to carry out rigorous environmental impact assessments that consider both coastal facilities and transport infrastructure to the high mountain sites.
This note is based on the original research article entitled “Desalination investment for copper mining: Barriers and opportunities in Chile,” published in the prestigious scientific journal The Extractive Industries and Society. The study was conducted by specialists Eoghan Fitzsimons and Peter Warren, affiliated with University College London in the United Kingdom. This technical report, which evaluates the link between copper mining and water security, was officially published by Elsevier in its 17th volume of 2024 and has been available online since March 16 of that year.
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